La respuesta de las marcas a las exigencias de hoy

Hoy vivimos en una sociedad más consciente, una sociedad que exige.

La exigencia fundamental, es que organizaciones y personas se hagan responsables del impacto de sus acciones en su propio campo de aplicación: una mayor preocupación por el impacto social y medioambiental, a una mayor transparencia, a proporcionar información, información que las personas puedan convertir en conocimiento, cosas claras.

A las industrias, sociedad civil, instituciones públicas,  empresas, personas y marcas se les exige un compromiso, en tanto contribuyan a la construcción de una sociedad más justa y mejor.

La invitación - a estas alturas casi un requerimiento, una obligación - es que estos distintos niveles organizativos,  provoquen, lleven a lo concreto las formas de este cambio (conocido y clamado ya a viva voz).  

Las empresas, instituciones/marcas tienen mucho que hacer en esta materia. De uno u otro modo, son quienes permiten la proyección de que éstas nuevas formas de vida sean sostenibles en el tiempo. Hoy día, ya todos vemos organizaciones funcionando bajo el concepto de economía circular, modelos de ciclos cerrados de producción y consumo, transitando de ¨la cultura¨ de usar y tirar a la ¨cultura¨ de reparar y reciclar, todas iniciativas, modelos o incluso formas de pensar el hoy, que paulatinamente han ido incorporarando las primeras causas, argumentos y necesidades del cambio.

Son accciones que van en el camino acertado, sin duda, y que son el inicio de una profunda transformación en el rol que las organizaciones adquieren, una vez que entienden el paradigma de  que es el  consumidor/ciudadano el que tiene el gran poder transformador, mediante su toma de decisiones, siendo ellos también en su propio individualidad este mismo sujeto-actor.

En el último mes hemos trabajado principalmente con la industria de alimentos. Fuimos capaces de descubrir y conocer iniciativas, acciones y programas que esta industria está fomentando, buscando generar mejores insumos para un consumo más consciente e informado. Otro paso más, sin duda, pero siguen existiendo vacíos entre este tipo de acciones y el ejercicio de rol del educador. Ahí es donde creemos que está el gran llamado y la oportunidad para un posicionamiento diferenciador.

Cerramos este año contándoles que el color para el 2020 es el azul: un color simple pero sólido, que transmite paz y confianza. Esperamos que en el 2020, sean estos sentimientos los que estén presentes en sus hogares.

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